PERFIL DEL EMPRENDEDOR


Hora de los emprendedores 
 
 

 

Los expertos lo han dicho por activa y por pasiva: no saldremos de la crisis sin los emprendedores. Su oportunidad es la de todos. Pero ¿quiénes son los llamados a filas? ¿Tienes madera de emprendedor?

 

 Cuando se dice que de la crisis podemos salir reforzados, se fía todo a que el espíritu emprendedor nacional emerja y dé la vuelta a las peores estadísticas. El necesario cambio de modelo productivo, de una economía rebosante de ladrillo a otra basada en la innovación, no está en manos de los políticos o de los inversores de Wall Street. A lo sumo, ellos pueden señalar el camino, pero la travesía (del desierto o contra viento y marea) la comandan -ahora y siempre- los emprendedores. Ellos gritarán, llegado el momento, "¡Tierra a la vista!".

Algunos ya se han embarcado porque han entendido que era el momento. Otros aún analizan sus capacidades para pescar en aguas tan revueltas. Evalúan su perfil emprendedor, tratando de reconocerse en el siguiente espejo:

Innovadores. Ven lo que otros no ven: saben identificar oportunidades o encontrar soluciones a problemas; después, casi por inercia, piensan en cómo organizar los recursos para materializar su proyecto. Tienen un impulso creativo y también ejecutivo. La innovación por la innovación no sirve. Parten de una idea para crear algo: un producto, una técnica o un servicio para la sociedad.

Osados. Están dispuestos a asumir riesgos. Sienten cierta atracción por no saber qué ocurrirá. Y no tardan mucho en decidirse a emprender. Eso les asegura, aún más en tiempos de crisis, la dosis de adrenalina que anhelan.

Independientes. Les atrae la libertad y la idea de emanciparse trabajando para ellos mismos. Una motivación imprescindible para vencer la soledad de los comienzos, cuando el emprendedor suele estar solo tirando del carro.

Realistas. Asumen riesgos, pero calculados. Analizan gastos, ingresos y beneficios desde el principio, y su objetivo es ser rentables cuanto antes. Si no cuentan con la experiencia necesaria, no dudan en buscar la orientación y opinión experimentada para validar su estrategia.

Perseverantes. Son resistentes a las frustraciones. No se frenan ante el primer obstáculo. Aunque soñadores, son trabajadores muy constantes. En sus planes no encaja tirar la toalla. Y hacen el caso justo a las voces agoreras de su alrededor.

Carismáticos. Antes y durante el alumbramiento del proyecto, captan apoyos y mantienen al equipo motivado. Poseen dotes de comunicación y de liderazgo. Se rodean de un núcleo profesional multidisplinar al que hablan y hablan de sus ideas: les dan así visibilidad y obtienen a cambio el necesario 'feedback' del entorno.

Apasionados. De su plan empresarial, al que se dedican en cuerpo y alma, no sólo esperan beneficios económicos, también algunos espirituales. Quieren que su proyecto les ayude a mejorar como personas. El dinero no es su principal objetivo.

Todas estas cualidades, aunque no lo parezca, las puede reunir una persona. Todo surge de dedicarse a lo que a uno le gusta y con lo que, además, puede ganar dinero (en ese orden de prioridades).

 

Tras reconocerse en este perfil, el siguiente paso es reflexionar sobre el proyecto. Para lo primero (el autodiagnóstico del emprendedor) y para lo segundo abunda la información en Internet: instituciones públicas y privadas –desde el Ministerio de Industria a todo tipo fundaciones y asociaciones – asesoran a emprendedores para lograr la viabilidad de su negocio.

 

El último paso, lograr la financiación adecuada, depende casi siempre de saber esquivar los errores más comunes: como no decidirse a empezar el proyecto, centrarse en lo que uno desea más que las preferencias del cliente, no disponer de suficiente información sobre el mercado, estar pez en métodos de dirección y de gestión o aspirar a crecer demasiado rápido sin haber asegurado aún la sostenibilidad del negocio. Pese a todo, cometer estos errores aumenta las posibilidades de éxito en el futuro. Porque un emprendedor no probará sus fuerzas una sola vez.